Enfócate en comenzar, no en terminar

Desde pequeños se nos educa a pensar "tienes que terminar todo lo que comienzas", que no es una mala afirmación, sin embargo es bastante peligrosa. Es bastante peligrosa porque nos enfoca en la *necesidad* de terminar, en el *deber* terminar, pero no envía el mensaje implícito del cómo y del por qué. Todos sabemos que hay muchas cosas que comenzamos que no podrán ser terminadas. Incluso hay muchas cosas que no deben ser terminadas. Estas afirmaciones también esconden el deleite de hacer las cosas, no importando si llegan a su fin. 

El otro gran riesgo de este tipo de afirmaciones es que pueden conducir fácilmente a la procrastinación. ¿Por qué? Porque pueden enviar el mensaje equivocado a nuestro sistema: "hay que terminar", y cuando una faena es muy grande, o muy complicada, ese *deber* terminar se convierte en una gran carga emocional y psicológica que puede sabotear el deseo de realizarla. 

 

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Sigue Comenzando

Sigue comenzando, busca contínuamente dónde comenzar, y la finalización llegará por si sola. La vida se trata de seguir comenzando. Más bien, de decidir lo que deseamos y luego hacer todas esas pequeñas cosas que hacen falta para lograrlo. Pero toda faena grande se divide en muchas pequeñas, que necesitan que las comiences a hacer. 

Insisto, comenzar, empezar, encender. Se nos ha entrenado durante nuestra vida a terminar las cosas, a completarlas. Nos enseñan a proponernos metas monumentales y luego a ir por ellas. Pero a esas metas monumentales se llega paso a paso, minuto a minuto, día a día. 

 

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