Dia 8 - Jerusalén
Para alguien que ha crecido en la verdadera fe, que ha sido enseñado desde infante que el punto culminante de nuestra creencia cristiana es el momento mismo de la resurección, conocer el lugar exacto donde ocurrió ese milagro es una experiencia que no se puede describir con palabras. Apenas algunos acercamientos hacen estas letras para tratar de describir el momento de estar en el sitio donde se desarrollaron los últimos momento de Jesucristo.
Como en estos últimos tres días, a las 8 y media nos esperaba nuestro guía. Eso implicaba levantarnos a las 6 y 30, desayunar, preparar a los niños y también a los adultos. Implicaba también acostarnos temprano y estar pendientes de un sueño suficiente para estar puntual a la hora fijada. Muy profesional Zly nos estaba esperando en la salida del edificio. Hoy se presentaba el plato principal: la ciudad vieja de Jerusalem. Para allá nos dirijimos.
La ciudad vieja es una cofre muy pequeño que contiene muchos tesoros. Demasiados. Tuvimos mucha suerte de encontrar, después de un callejón a la par de las murallas, un parqueo –el único entre 7 lugares– con espacio suficiente para que cupiera la panel de Zvi. Sí cupo. Estábamos del lado del sector armenio. Allí empezamos a caminar con un poco de frío y con posibles lluvias.
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Del sector armenio avanzamos al sector judío. Nuestro guía nos ofreció un bagel con yerbas de zarat. El ofrecimiento simbólico del pan de bienvenida para un nuevo visitante. A pocos pasos pudimos admirar una menora de oro macizo. Sí, como lo escuchan, un candelabro impresionante, de la altura de una persona, de puro oro. ¡Cuánto pesará¡ Más que una réplica es una reproducción de la menora que estababa en el Tempo de Salomón cuando fue destruido por los romanos, encabezados por Tito, en el año 70. Se llevaron el candelabro y así lo proclaman en el arco del triunfo que fue levantado a la par del Coliseo romano. Los creyentes judíos esperan que este candelabro sea instalado en el nuevo templo de Jerusalem que habrá de edificarse para preparar la venido del Mesías.
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Este candelabro tiene 6 brazos y el eje central, en total 7 candelas. Para los judíos ordotoxos la menora de 6 brazos no debe utilizarse hasta que no venga el Mesías. Es aceptable el uso de menoras de 8 brazos (9 con la central) para el Shabbat u otras celebraciones (como Hannukká que se celebra en estos días), pero no debe utilizarse la de 6 brazos.
Este candelabro está expuesto en una urna especial de plástico que, en ese preciso momento, estaban limpiando. A la par de esta urna están las ruinas de lo que era un hogar de acogida alemán de la época medieval. Unos pasos después aparece una vista impresionante: la explanada del muro occidental. Los ojos del mundo han observado por siglos lo que en ese momento estamos viendo.
Herodes el grande, el constructor, mandó a aplanar la base de lo que iba a ser el templo. Trabajo de ingeniería monumental que cuesta entender que pudieron realizar con las herramientas rudimentarias de aquella época. ¡Increíble! Por los momentos históricos –que tampoco se pueden entender–, sobre la parte alta está construida la mezquita de Omar, la famosa imagen de la cúpula dorada; un edificio octogonal con bellos mosaicos que se aprecian a lo lejos. Claramente es un edificio musulmán edificado en el centro mismo del judaísmo.
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La relevancia de este punto empezó cuando el patriarca Abraham se dispuso a sacrificar –sí, a matar–, a su hijo Isaac en lo alto de este monte, llamado Moriá, para patentar su fidelidad y obediencia al Dios altísimo. Esto sucedió hace unos 4 mil años, unos 2 mil antes de Cristo. Unos mil años después, cerca del 900 AC, David decidió construir la capital de los judíos en este lugar ¨neutral¨ para evitar disputas entre las 12 tribus de Israel. Desde entonces ha sido la capital y centro del judaísmo.
Tras bajar las gradas (todo es un sube y baja) llegamos a la explanada. Aquí, lamentablemente, nos tuvimos que separar los hombres y las mujeres, los primeros a la izquierda y las segundas a la derecha. Sobra decir que el espacio de los hombres es más amplio. En todo caso se accede al muro, lo que queda del muro externo del templo de Herodes. Un espacio de 80 metros de un largo original de 480 metros. Apenas una pequeña porción. Pero al menos es algo para poder apreciar lo grandioso del templo original. Entramos los hombres, incluyendo ¡por supuesto¡ a Luis Lorenzo; iba con su padre y su abuelo. Buscamos resquicios entre las rocas para introducir las peticiones, las cartas, al Altísimo. Muy difícil porque no queda espacio libre entre los monumentales bloques. Están llenos de papelitos, a saber qué peticiones y en qué idiomas.
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Después seguimos subiendo gradas hacia el sector cristiano pasando por el sector musulmán. Ya nos había advertido nuestro guía de la diferencia. Poco después entroncamos con la ¨Vía Dolorosa¨. Llegamos a la quinta estación. A pocos pasos estaba la estación de la Verónica, esto es la verdadera imagen o ¨vera¨ (verdadera) ¨iconos¨(imagen). Al final llegamos a una plazoleta donde se accedía al templo del Santo Sepulcro. Es aquí un lugar de muchos encuentros. Por una parte están, bajo el mismo templo el lugar de la crucifixión, el sitio donde Jesús el cuerpo de Cristo fue colocado para su preparación y, sobre todo, el lugar de la Resurrección. Por otro lado convergen aquí los religiosos de muy diversas denominaciones: coptos, armenios, ortodoxos, católicos, jacobitas. Cabe señalar que no siempre sus relaciones son armoniosas. A veces se ¨echan penca¨ a pesar de su declarada mansedumbre. Son también buenos para las artes marciales.
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Aquí adentro, bajo el techo de un edificio de piedra bien alto, y para acceder al lugar mismo de la Resurección hay que hacer cola. En todo hay que hacer cola con tanto peregrino que viene desde todas partes del mundo, incluyendo a nuestra América Latina. Hay chinos, rusos, ucranianos, armenios, europeos, nigerianos, y, claro está, gringos.
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Llama la atención ver muchos peregrinos islámicos. ¿Qué hacen en un templo cristiano? Es que para ellos Jesús es una profeta, cierto es, pero un profeta más, igual que Abrahám, Moises, Elías, etc. quienes prepararon el camino a Mahoma. Es así como ellos lo han entendido. Se ven muchos turistas indonesios, hombres y mujeres. Los turistas de Nigeria son todos cristianos.
Después de hacer cola, bañados por espirales de incienso que los monjes ortodoxos no dejan de mecer, llegamos a la cripta que contiene el lugar donde depositaron el cuerpo de Nuestro Señor y desde donde, obviamente, se levantó desde el mundo de los muertos. Allí empezó la historia de la redención, la posibilidad de la salvación. Alabado sea siempre nuestro Señor Jesucristo.