El ejemplo del constructor

El ejemplo del constructor

👤 guisho Luis H. Fernandez 5 min read
El ejemplo del constructor

Hace ya algunos años lei por primera vez este texto. Quisiera poner la referencia del autor, pero no encontré quien lo pudo haber escrito,  así que si alguien me dice a quién darle el crédito, con gusto se lo daremos :) Aparte de lo gracioso en sí mismo, ahora que lo leo años después, desafortunadamente es muy acertado. Digo desafortunadamente, porque tenemos que cambiar la manare de hacer proyectos de software. Urgentemente. Nuevas metodologías, nuevas herramientas, nuevos paradigmas. Actualmente el proceso de hacer software es más complicado de lo que, en mi humilde opinión, debería ser. ¿Qué piensan?

5 de enero Hoy me han llevado al lugar de construcción por primera vez. La situación es perfecta: tiene parada de bus cercana y enfrente hay una cafetería con comida casera. El viejo edificio de apartamentos, al que va a sustituir nuestra nueva construcción, lleva un año al borde de la ruina. Mi propia empresa ha colocado varios puntales que, por el momento, han ido evitando que el caduco edificio reviente por sus múltiples grietas. La construcción de este megalito ladrillo comenzó hace cinco años, y aunque los pisos superiores nunca llegaron a recibir el agua, la electricidad y el enfoscado de las paredes, en diez meses los cimientos ya se habían desplazado peligrosamente y las vigas presentaban peligrosas fisuras. La cansada torre de viviendas ya ha cumplido su propósito y ahora nosotros la conduciremos a una muerte dulce… Por supuesto, el viejo edificio no será demolido hasta después de construir y probar el nuevo, lo que nos deja poco espacio de maniobra; pero no vamos a dejar a todas esas familias en la calle durante la construcción. De cualquier modo, los vecinos de la vieja y decadente estructura nos miran con recelo. Saben que el nuevo edificio tendrá viviendas cómodas, pero algunos de los residentes no podrán costearlas. Ni sé qué va a ser de la gente, ni es asunto mío. Llegan los primeros camiones de ladrillos.

6 de enero Me han presentado a Matías, la persona a quien “voy a reportar”. No me han dicho si es el capataz, el jefe de obra, el aparejador, o el arquitecto; sólo me han dicho que todo lo que tenga que “reportar” se lo “reporte” a él. Así que, por donde él diga, yo zaca-zaca, como una locomotora. Esa es la definición que me han dado de nuestra metodología. He buscado “reportar” en el diccionario, y no aparece.

10 de febrero En algo más de un mes, hemos cavado medio metro de cimientos. Ayer Matías nos dijo que empezáramos a poner ladrillos, porque el tiempo designado para la cimentación se había agotado hace dos semanas. No aceptó nuestras excusas de que las prometidas excavadoras aún no habían llegado y que nos habíamos visto obligados a cavar con las paletas de enyesar. Un compañero se trajo un pala de cavar que guardaba de una obra anterior y casi le echan por razones deontológicas. Según Matías, lo que pasa es que frecuentamos demasiado la cafetería. El asunto se ha zanjado con un “hale”, a levantar paredes y luego que cada palo aguante su “vela”. El trabajo sin planos es dificultoso. Los cimientos tienen una forma algo pintoresca. He pedido una plomada para que las paredes queden verticales y he recibido improperios poniendo en duda mi masculinidad. Ya sé que Matías no es el arquitecto, porque el arquitecto es un tal Ignacio. Pasó a supervisar la obra el otro día. Aunque aún no había nada que ver. Me han llegado rumores, aunque no son muy dignos de crédito, de que existen fotocopias de planos.

1 de junio Anoche estuvimos hasta la siete de la mañana cubriendo con tablas y enmoquetando el espacio que algún día ocupará el despacho de la planta, aunque el edificio no es aún más que una maraña de vigas de todos los tamaños y algunas paredes que habrá que tirar más tarde están en el sitio equivocado. Hemos traído baterías para los fluorescentes y unos muebles de caoba preciosos. Por suerte, todo estuvo a punto para la demo. Izamos al cliente con la grúa hasta su futuro despacho y pudo contemplar la vista que disfrutaría desde el emplazamiento. El viento hizo que la pared oeste, que dos de mis compañeros sujetaban con la espalda, se derrumbara con gran estruendo sobre la mesa de caoba en el peor momento. Gracias a Dios, el cliente fue comprensivo: esto pasa siempre en las demos, y él está curado de espanto, dijo mientras el sacudíamos el polvo del traje. Dice que el lunes que viene vendrá a probar las instalaciones sanitarias. Supliremos con cubos la inexistencia de tuberías.

5 de marzo Han transcurrido casi catorce meses. Llevamos ya siete de retraso y el edificio no acaba de superar el estado de “casi terminado”. Soy de los pocos albañiles que no ha cambiado de obra en este tiempo. Matías está consumido por la zozobra y se pasa el día en la cafetería trasegando Soberanos. El arquitecto no ha vuelto a pasar por aquí. Los rumores dicen que existieron unos planos, pero no eran de un bloque de pisos, sino de un polideportivo. Por lo visto, en las reuniones del comité de construcción se dijo que la filosofía era la misma y que sólo harían falta modificaciones mínimas. Ahora comprendo por qué nos hicieron instalar aros de baloncesto en el hueco del ascensor. Siempre dije que acabaríamos teniendo que quitarlos o aquello no era un hueco de ascensor, que era cuestión de lógica. Matías siempre me contestaba que no le viniera con tecnicismos. Estoy perdiendo la vocación de constructor. He decidido apuntarme por las tardes a un curso de informática, a ver si puedo cambiar de vida. Este oficio mío no es serio.