Israel, Día Tres Nazareth
Hoy es un día muy especial. La vida pasa como un suspiro en el viento y Belencita nos ha mostrado que dos años son, por un lado un soplo en la brisa del oriente, pero por otro lado son toda una vida para cultivar ese amor que justifica la razón de vivir. Belencita cumple sus dos primaveras. Nos levantamos un poco tarde (creímos que nos íbamos a levantar a las 8, pero fue a las 10). Fuimos todos a la cabañita donde estaba la cumpleañera y allí, reunida la familia, le cantamos las respectivas mañanitas. Una costumbre muy latina, muy mexicana, muy chapina, pero que vale en cualquier parte donde se acompaña un grupo humano.
Nuestro desayuno fueron huevitos con queso y cereal en la casa. Un desayuno susentable pero necesario pues no sabíamos dónde habríamos de tomar el próximo alimento pues era incierto el itinerario y además, los anuncios de comida estaban en los idiomas de la zona y no en nuestro español chapín. Por eso debíamos alimentarnos bien. Luego nos fuimos a bañar aprovechando, por turnos, los momentos de agua caliente. El frío de la mañana en Tiberias es bastante considerables (y de las noches más). Nuestra casa goza de una vista del lago y tiene un jardín muy bonito. Después de que todos estábamos listos, salimos por ahí de las 11 para conocer el norte de Israel.
Pasamos por el pueblo de Canaá, lugar muy especial porque fue allí donde Jesús hizo su primer milagro, el de la conversión de agua en vino con ocasión de una boda. Pero no paramos, había mucho tráfico. Fuimos directo a Nazareth, a la basílica de la Anunciación donde la Historia de la Salvación comenzó. Llegar nos tomó algo de tráfico, pero llegamos bien.
La Basílica de la Anunciación, es algo demasiado impresionante. Llegamos, bajamos a la gruta de la Anunciación, y lo menos que podíamos tener eran lágrimas. Creo que todos lloramos. Un lugar demasiado especial. Imágenes de la Vírgen de diferentes países, de Guatemala, de Chile, Polonia, República Checa, Corea, hasta una misa en chino que poco pudimos entender. Faltó la imagen de la Virgen del Rosario de Guatemala.
Muchos voluntarios de diferentes partes del mundo brindaban su asistencia. Un Franciscano brasilero nos ayudó a subir al segundo piso, donde hay una iglesita muy bonita. Nos tomamos fotos, y salimos. Ya era un poco tarde. Pasamos por un McDonalds para aliviar un poco el hambre, en lo que nos dirijimos al monte Tabor.
El camino, un ascenso serpenteante como culebras que suben a la montaña, después de pasar por unos atiborrados barrios, nos regaló un atardecer espectacular. Ver todo el Mar de Galilea en todo su esplendor y, al poniente, un esplendoroso Sol ocultándose como en los días de Jesús. El sol color de fuego y el valle que se dormía a sus pies. Muy linda la experiencia. Empezaba el frío.
El monte Tabor tiene la forma de un volcán, aunque no lo es, y el camino es empinado y estrecho pero subimos bien y llegamos justo a tiempo, como que un guía nos hubiera llevado a 5 minutos de que cerraran.
En el mismísimo lugar donde sucedió la Transfiguración hay una basílica hermosa a cargo de la orden franciscana. Tiene una nave principal y dos capillas, una de Elías y otra de Moises. Todo construido en piedra color arena. Regina tuvo ahí una revelación. Un franciscano buena gente nos esperó porque llegamos ya luego de la hora de entrada.
Al regreso buscamos algo de comer. Teníamos hambre, pero la mayoría de los pobladores se toman en serio el Shabath y no encontramos nada. Era un atardecer del viernes. En todo caso el waze nos venía indicando las direcciones y regañando por los pequeños desvìos. Llegamos a nuestra casita (ya la sentimos tan familiar).
Jose y Mayte hicieron un Salmón delicioso, que ya habíamos comprado antes. Al final de la cena le cantamos a Belén su Happy Birthday, con un helado en vez de pastel, pero se veía súper feliz mi niña.
Son las 21.13, y ya es hora de ir a dormir, porque mañana nos queremos leventar más temprano.