Intimidad

Han pasado varios años desde la primera vez que quise escribir algo que valiera la pena. Desde que leí una frase (no tengo idea quien fue el genio que la dijo) “los hombres que pasan a la historia o hacen algo que valga la pena escribir, o escriben algo que valga la pena leer”. El dilema, muchas lunas después continúa, ¿qué camino tomo, escribo o hago? Tal vez pueda ser que yo sea uno de esos privilegiados que hacen ambas. 

 

Cuando pienso en todas aquellas grandes mentes que tenían tantas dificultades para escribir y escribían, me siento sin excusas. Unos cuantos teclazos y hasta se me ayudará a corregir mis tambaleos con la ortografía. Pero sucede que lo que deseo escribir es algo sobre lo que no sé. 

 

No tengo duda de que, incluso al negarlo cuando lo tienen, cualquier escritor tiene deseos de trascender con sus ideas, de ser leído y respetado por alguien algún día. Un poco de esa vanidad de humanos que siempre tenemos. De hecho, aunque no te conozco, no tengo idea de quien eres, y para serte sincero no me importa, me siento muy halagado de poder comunicarme contigo, lector (o lectora) al otro lado de la pantalla. En estos breves minutos en los que recorres esas manchitas negras, estoy en intimidad contigo. Una intimidad única, que no puedes evitar. 

 

Tantos han escrito ya, y tantos hay más por escribir, que nos roban intimidad, que nos hablan directo al alma, que no pasan por el camino de la fonética de las palabras sino que, como una lanza en pleno vuelo (ya sé que acabas de pensar “que frase más gastada”) llegan a lo más profundo, ahí donde pocos pueden llegar.  De alguna manera se vuelven parte del ser, así como yo, mi estimada lectora, me estoy volviendo, lo quieras o no, parte de ti. Lo que quise expresar con estas letras está ya en tu mente, en tu subconsciente, en tu alma, en tu psiquis o como lo quieras llamar, y por más que lo intentes ya no podrás sacarlo de ti (por eso hay que tener cuidado con lo que se lee, porque nunca nos desharemos de ello). Podrás olvidar mi texto, pero los últimos minutos de tu vida han sido míos, y de alguna manera eso me extasía. Pero no te sientas mal, estamos a mano. Ten la certeza de que minutos de la mía vida  los he pasado escribiendo y son tuyos, lo quiera yo o no. 

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