Trabajo Duro

"El trabajo duro es la clave del éxito", "todo se puede lograr con trabajo duro", "para conseguir lo que quieres hay que trabajar duro" son sólo algunas de las frases que siempre nos han dicho sobre el "trabajo duro". Pero siempre he creído que estas frases, aunque muchas veces acertadas, son incompletas porque dejan en el aire una pregunta importante: ¿qué es el trabajo duro? 

En alguna entrada futura hablaremos de lo importante de alimentarnos con mensajes claros, pero en el caso específico del "trabajo duro" es uno de los que más me ha interesado por mucho tiempo. Supongámos que un día nos levantamos con las ganas de mejorar muchas cosas, de tomar el camino de la superación personal. Uno de esos días en los que queremos cambiar el mundo y nos queremos cambiar a nosotros, donde las ganas no nos faltan y estamos listos para lo que se venga enfrente. Luego de levantarnos, bañarnos, desayunar y tomar el primer café nos decidimos a "trabajar duro". Y entonces ¿ahora qué hacemos? ¿Cómo comenzamos con el trabajo duro?

 

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Las cosas que compras

 

En un mundo donde se nos ha enseñado que todo se puede comprar, recordemos que:

Las cosas que compras no te harán más inteligente. 

Las cosas que compras no te harán exitoso. 

Las cosas que compras no te harán más atractivo. 

Las cosas que compras no te harán más popular. 

Las cosas que compras no te harán más feliz. 

 

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Características de una buena meta

Leyendo el libro Goals, de Brian Tracy, toca un tema que me parece muy importante, que es cómo adquirir la habilidad de proponerse buenas metas. Todos en algún momento de la vida nos hemos propuesto una o varias metas, pero muy pocas veces nos hemos puesto a pensar sobre las metas en sí, sobre cómo una buena meta puede ser mala o buena, sobre qué características debe tener una meta para que sea viable, o para que sea realmente meta. En un post futuro hablaré de la necesidad imperante de imponerse metas, pero ahora quiero hablar sobre las características que una meta debe cumplir. 

Un primer paso importante es saber distinguir entre una meta y un sueño. Tener una vejez feliz, o tener una familia estable, no es necesariamente una meta. Ganar mucho dinero tampoco lo es. Estos son más bien sueños, o anhelos. Los sueños no son malos, al contrario, son el combustible para mucha de las cosas que hacemos. Pero caer en el error de confundir una meta con un sueño sí es algo grave. Porque ¿cómo vamos a saber que tenemos una vejez feliz, o una familia estable o que ganamos mucho dinero?

Los sueños nos dan una guía, un norte. Nos dicen por dónde queremos llegar, y sobre todo, nos dicen por qué. Para cumplir nuestros sueños necesitamos discernir las metas necesarias para llegar a donde queremos, y esas metas son las que nos irán llevando por el camino correcto. Las metas son fruto de un diseño interno, un diseño que define una voluntad de a dónde queremos llegar. Las metas son más mundanas, por llamarlas de alguna manera, en el sentido que especifican, aterrizan nuestros sueños y deseos. No podemos tener metas claras sin sueños, y no podemos cumplir nuestros sueños sin metas claras. Es un círculo que se autoalimenta a sí mismo, o si no se hace bien, se autodestruye a si mismo. 

 

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Enfócate en comenzar, no en terminar

Desde pequeños se nos educa a pensar "tienes que terminar todo lo que comienzas", que no es una mala afirmación, sin embargo es bastante peligrosa. Es bastante peligrosa porque nos enfoca en la *necesidad* de terminar, en el *deber* terminar, pero no envía el mensaje implícito del cómo y del por qué. Todos sabemos que hay muchas cosas que comenzamos que no podrán ser terminadas. Incluso hay muchas cosas que no deben ser terminadas. Estas afirmaciones también esconden el deleite de hacer las cosas, no importando si llegan a su fin. 

El otro gran riesgo de este tipo de afirmaciones es que pueden conducir fácilmente a la procrastinación. ¿Por qué? Porque pueden enviar el mensaje equivocado a nuestro sistema: "hay que terminar", y cuando una faena es muy grande, o muy complicada, ese *deber* terminar se convierte en una gran carga emocional y psicológica que puede sabotear el deseo de realizarla. 

 

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No vivas en pausa

 

Es sorprendente la cantidad de personas, en las que a veces me incluyo yo, que viven sus vidas en pausa, haciendo cosas mientras hacen lo que realmente quieren hacer. Es común escuchar comentarios diciendo "estoy trabajando en esto que no me gusta *mientras* junto para hacer esto otro que me gusta", o "estoy con esta persona que no me llena *mientras* encuentro alguien que lo haga", "estoy haciendo esto *mientras* espero que pase esto que quiero". No es malo hacer una ciertas cosas que no nos convencen para lograr lo que queremos, lo que esta mal es ese *mientras*, porque -mucho cuidado- ese *mientras* se puede volver tu vida, y eso que deseas puede nunca llegar. 

 

Analiza un poco hoy tu vida, lo que haces, lo que quieres y lo que piensas. Ten mucho cuidado de no ser uno de los muchos que hoy viven frustrados cincuenta semanas al año con el afán de gozar dos de ellas. Si lo que haces te irrita todos los días algo esta mal, y si no haces algo por cambiarlo, solito no va a cambiar. Una que otra vez tendrás la suerte que cambie, pero estarás dejando tu satisfacción en fuera de tu control. Y ese es uno de los errores más grandes que pasan hoy. 

 

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